viernes, 14 de octubre de 2011

Eugenia Calvo & Florencia Levy en 713 Arte Contemporáneo



Un viaje al interior



No es raro ver propuestas arriesgadas en las galerías de San Telmo. Podríamos hacer una recorrida diaria por sus calles buscando que ver y siempre encontraríamos algo nuevo, en la clave contemporánea que hace a éste circuito tan atractivo y que se ha complejizado aún más a partir de la muestra que reunió desde el pasado 6 de Octubre a las artistas Eugenia Calvo y Florencia Levy en la galería 713 Arte Contemporáneo (en Defensa 713).

En un interesante contrapunto las dos esculturas de Calvo y una video instalación en el caso de Levy (de la que la artista supo hacer buen uso para generar también un trabajo fotográfico de excelente calidad) habitaron salas despojadas, como si las dos hubieran querido quitar capa tras capa para llegar a lo más esencial de su poética. Como en el caso de la Rosarina, con dos esculturas de hierro y madera que ocupaban no solo el espacio que su forma contenía sino toda la sala, utilizando lo exterior a ellas para darles más fuerza aún, para contener más los secretos que guardaban sus cajones en un efecto potenciador de la poética de lo oculto. En clave icónica las obras se valen de lo cotidiano (una mesa de luz, un botiquín) para hablarnos de nosotros mismos, como preguntándonos qué es eso que conservamos en nuestros cajones, en lo que envuelve a nuestra vida y que es a la vez tan propio como impenetrable. En lo que descansa dentro de los objetos y como éstos pueden a su vez aferrarse a si mismos, resistiéndose a su utilización para aferrarse solamente a su entidad, a su capacidad para “ser”.

Dos obras en un formato medio tomando toda la sala, dirigiendo hacia si luces que formaban islas donde las obras parecían detener el tiempo. Donde él entraba en esos cajones cerrados a fuerza de barrotes que a su vez anclaban a la obra en ese espacio como aferrando su lugar de pertenencia, la viva prueba de que ese contenido respira. Y que pasaría si esos barrotes no estuvieran, me pregunté. Quizás ellos son los que mantienen esa estructura en pie; serán ellos acaso los que nos pregunten que sería de nosotros si esos hierros no soportaran trama de la vida. ¿Que haríamos si perdiésemos nuestra función? La respuesta quizás la encontremos en nosotros mismos. O en ningún lado.

En el caso de Levy la propuesta también estuvo dirigida hacia el interior, a esa búsqueda que de pronto hacemos hacia adentro para buscar el camino cuando se lo desconoce, cuando los datos ya no son precisos y solo nos queda la intuición. Ese es el trabajo del artista. Construir a partir de esa carencia que más que vacío es principio rector. Ella es la que ordena ese caos del exterior para mapear las emociones que nos guían por ese camino de lo desconocido. La artista nos preguntará: ¿Qué es lo desconocido? ¿Será que existe o es solo un producto de nuestra imaginación para inventar sentidos?

Cuando el destino parece inalcanzable por difuso, lejano por lo borroso. Cuando la naturaleza de impone por su magnitud, cuando los elementos nos hacen lucir tan pequeños como frágiles según su lógica y su orden. Ahí es donde el baqueano saca sus herramientas. Tan propias que ni siquiera podríamos aventurarnos a decir cuales son.

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